En cualquier texto básico de macroeconomía se explica que un sistema económico capitalista sólo “funciona” si la renta del capital se reinvierte dentro del mismo sistema. Si las ganancias se sacan del sistema no sólo no va a haber progreso, sino que se corre el riesgo de empobrecimiento por varios factores como el crecimiento poblacional, el consumo de recursos no renovables y la competencia de otros sistemas económicos.
Podemos ver en los excelentes análisis del camarada Luis Enrique Gavazut, entre otros, que nuestra burguesía sólo ha funcionado cuando la renta petrolera puede pagar sus pingües ganancias. No podemos esperar nada de ese empresariado cuya misión en la vida parece ser apropiarse de la renta petrolera a través de repartición de utilidades, para sacarlas del país.
El sueño de crear una burguesía nacionalista, que reinvierta sus ganancias en el país en lugar de expatriarlas, suena a fantasía en el escenario de la tentación, se podría decir que diabólica, del imperialismo. Ese sueño es mucho más fantasioso en el escenario de la guerra económica estimulada por las sanciones yanquis.
Como no podemos esperar que, en general, nuestro empresariado decida voluntariamente que su centro de operaciones sea Venezuela, debemos poner condiciones para que operen: o hacen reinversiones significativas o no pueden operar. Hay que meterle la lupa a la operación de las empresas privadas para evaluar si reinvierten buena parte de sus rentas. No necesitamos más fuga de capitales.
Por otro lado, la inversión extranjera hay que verla en su justa dimensión. En un nivel de abstracción, la inversión extranjera es similar al préstamo de una multinacional como el Fondo Monetario Internacional. Si un inversionista extranjero invierte una cierta cantidad, es porque espera en el futuro sacar del país esa cantidad más las ganancias. Similarmente, con un préstamo hay que pagar el capital y los intereses. También al igual que con el préstamo, los inversionistas extranjeros pueden aportar dinero fresco necesario para reimpulsar la economía, pero no aportan ganancia en el largo plazo.
Si nuestra burguesía o el Estado venezolano tuvieran suficientes inversiones en el exterior con repatriación de ganancias, podría haber un equilibrio. Pero eso no existe. Hasta Citgo nos la robaron, se nos prohíbe repatriar ganancias obtenidas en el extranjero.
Es por eso que debemos estimular la economía y la producción a pequeña escala, incluso familiar. Una familia no saca sus ganancias del país, las emplea en mejorar su vivienda, en educar a sus hijos. Un pequeño productor está en fase de expansión, por lo tanto reinvierte ganancias. En estos casos las ganancias quedan en el país. La suma de todas las ganancias familiares o de pequeñas asociaciones entre vecinos y microempresas, que son millones, puede ser comparable a las de nuestros ineptos empresarios en conjunto, con la diferencia de que éstos se llevan el dinero. Acabemos con la exacción de riquezas de nuestro país y ¡venceremos!
Emilio Hernández
(Correo del Orinoco, 28/5/21)
