Los investigadores han estado buscando formas alternativas de producir los imanes necesarios para fabricar todo, desde teléfonos móviles hasta equipos militares.

Para Estados Unidos, es una apuesta arriesgada –o un fracaso– para suplantar la supremacía de China en tierras raras. China dedicó décadas a consolidar una posición dominante en el sector de las tierras raras. Ahora, Estados Unidos quiere recuperar su antigua parte de la cadena de suministro. ¿Está aún a su alcance?

Las tierras raras son necesarias para todo, desde la electrónica de consumo hasta los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas y los aviones de combate, y China controla la cadena de suministro. China asumió gradualmente un papel dominante en la industria de las tierras raras y Estados Unidos trabaja ahora para fortalecer sus fuentes y producción.

Tras casi medio siglo de ser el principal proveedor mundial de tierras raras, la mina Mountain Pass de California se enfrenta una vez más a la tarea de desenterrar un verdadero tesoro de metales y minerales que Estados Unidos espera que ayude a cerrar la brecha de suministro con China en una industria cada vez más crítica.

Con una inversión de cientos de millones de dólares, el Departamento de Defensa de EE. UU. está haciendo un profundo esfuerzo público para recuperar la mina, que ha tenido una historia problemática.

Tras su cierre en 2002 debido a preocupaciones ambientales, Mountain Pass resurgió durante los primeros días de la administración del expresidente Barack Obama, cuando se creó la empresa privada Molycorp Minerals para reactivarla.

Fue una iniciativa ambiciosa, con una inversión aproximada de 1500 millones de dólares para restablecer la producción y dar a EE. UU. un impulso competitivo en la cadena de suministro de tierras raras. Sin embargo, el esfuerzo se detuvo en 2015 cuando la empresa quebró.

En la década transcurrida desde entonces, Washington ha ido tomando conciencia poco a poco de la realidad del dominio absoluto de Pekín sobre las tierras raras y ha observado cómo esa posición dominante se ha convertido en la mayor moneda de cambio de China en la prolongada guerra comercial entre ambas partes. La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha intentado, con creciente urgencia, llegar a la raíz del problema acelerando los intentos de reducir la profunda dependencia de Estados Unidos de China para las materias primas que se utilizan en todo, desde armas militares y semiconductores hasta vehículos eléctricos y turbinas eólicas.

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