En estos tiempos de crisis derivaba de la guerra aplicada a Venezuela, todo entra en una turbulencia que afecta las emociones de las personas y sus relaciones.
Una guerra lo altera todo, la economía del país, la familiar, las relaciones familiares y las de amistad.
El día a día de las personas gira en torno a como logra llevar las relaciones con los demás.
Es normal que en un periodo de crisis nos volvamos hiper sensibles y reaccionemos a cualquier estimulo de forma exagerada, bien sea que nos molestemos, gritemos, lloremos y lleguemos a sentir por cualquier evento, que no nos quieren ó aprecian.
Seguramente todas y todos estemos pasando por un momento duro y delicado en nuestra relaciones interpersonales en el trabajo, en la casa y en la política. Nadie esta a salvo. Alguién perdió un familiar, un hijo, un hermano, la esposa, un amigo ó un familiar en los avatares de esta cruenta guerra.
La única forma de ponerse a salvo es echar mano de los manatiales espirituales que yacen en nuestras mentes y corazones, para poder capear el temporal y no terminar volviéndonos iracundos.
En ese manatial espiritual encontraremos la fe, la bondad, la paciencia, la solidaridad, la tolerancia, y el amor por nosotros mismos y el prójimo.
No busquemos una excusa para apartarnos, en los cotidianos problemas que enfrentanos como individuos. Ayudemosnos más para hacer la carga más ligera.
Sigamos apostando a la solidaridad y al amor para seguir juntos.
El que tenga que perdonar, perdone y salga de esa carga y el que tenga que rectificar, rectifique pero, sigamos juntos por amor a nosotros y a la Patria.
José Avila
