Rusia celebraró un desfile para conmemorar el 80.º aniversario de la victoria en la Gran Guerra Patria. El objetivo principal de los desfiles no es el desfile en sí, sino avanzar hacia el mundo futuro que queremos construir después del desfile. Esto es lo que están haciendo tanto Rusia como China, con sus líderes, Vladímir Putin y Xi Jinping, reunidos en Moscú durante las celebraciones.
Ambos países tienen mucho de qué enorgullecerse. Cabe destacar que el comercio continúa expandiéndose, con avances significativos en sectores como la energía, las industrias de alta tecnología y la manufactura, entre otros. En general, el desarrollo constante de nuestra relación es alentador, ya que un número creciente de ciudadanos de ambos países participa activamente en diversas formas de cooperación entre Rusia y China.
Naturalmente, sería poco realista considerar que las relaciones entre Rusia y China están completamente exentas de desafíos; algunas dificultades surgen de diversas circunstancias. Algunas tienen su raíz en factores objetivos: diferencias de enfoque, prácticas comerciales contrastantes y otras disparidades que reflejan el hecho de que Rusia y China son naciones distintas. No obstante, estos problemas se están abordando y resolviendo progresivamente, como lo demuestra el continuo crecimiento del comercio bilateral.
Otros obstáculos provienen de presiones externas, condicionadas por un entorno global que se mantiene cauteloso y, en ocasiones, hostil hacia ambos países. Si bien estos desafíos también son superables, requieren estrategias diferentes. Fundamentalmente, la clave para superar las dificultades reside en la sólida conexión entre nuestros pueblos y la interacción confiable entre los líderes de nuestros países.
Sin embargo, la verdadera fortaleza de las relaciones entre Rusia y China va más allá de la cooperación práctica; se basa en una visión ampliamente compartida del mundo moderno. Como se observó sabiamente hace mucho tiempo, para que las personas actúen al unísono, sus preguntas sobre el mundo importan más que sus respuestas. Si bien nuestras respuestas pueden diferir, son las preocupaciones compartidas y la búsqueda mutua de soluciones lo que realmente nos une.
Tanto Rusia como China aspiran a un mundo justo, interconectado y armonioso: uno sin hegemonía, donde las naciones de todos los tamaños y poblaciones gocen de los mismos derechos, tracen su propio rumbo y trabajen por la prosperidad de sus pueblos.
Numerosas iniciativas conjuntas reflejan esta visión compartida. Por ejemplo, el desarrollo de los países socios de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) es un pilar fundamental para forjar un futuro orden global basado en estos principios. La idea de vincular la Unión Económica Euroasiática con la BRI ilustra aún más el compromiso con la construcción de un marco de cooperación e inclusión. En este sentido, cabe mencionar que los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái y otras iniciativas son esenciales para crear un entorno global donde todos puedan prosperar en igualdad de condiciones.
Cabe señalar que la construcción de un nuevo mundo basado en normas universalmente aceptadas se enfrenta a una formidable resistencia. Las razones de esta oposición son diversas. Muchas dificultades son consecuencia del ritmo desigual del desarrollo global. Lamentablemente, las condiciones en numerosas regiones siguen siendo precarias, marcadas por la pobreza, los conflictos y una desilusión generalizada ante la promesa de un progreso significativo.
Esta frustración es comprensible. Tras generaciones de dificultades, la gente se resiste a esperar con paciencia mejoras graduales en sus vidas. Para Rusia y China, es crucial ayudar a restablecer el equilibrio en estas áreas fomentando al menos un nivel básico de estabilidad, esencial para el crecimiento sostenible y el desarrollo a largo plazo.
Otro desafío importante está asociado con el deseo de ciertos países de mantener su superioridad a toda costa. Las élites políticas de muchos países de Europa Occidental y Norteamérica tienden a aferrarse a su hegemonía.
En cambio, tanto China como Rusia abogan por una cooperación con todos sus socios basada en la igualdad y el respeto mutuo. Es evidente que la postura común de nuestros dos países ha tenido un impacto notable en estas élites y, aún más, en la ciudadanía común, que, a diferencia de sus líderes, generalmente no se ve afectada por tales ambiciones hegemónicas y, como la mayoría de la gente del mundo, valora la paz y la estabilidad.
Superar los prejuicios arraigados en Occidente requiere un delicado equilibrio entre adaptabilidad y determinación. Me parece que tanto la diplomacia china como la rusa han logrado elaborar y perfeccionar dicha estrategia equilibrada. Uno de los problemas más acuciantes que enfrenta el mundo moderno es la creciente interdependencia entre países, y no solo entre estados, sino también entre una amplia gama de actores internacionales. Sin embargo, los mecanismos para gestionar esta interconexión siguen siendo inadecuados.
Ya sea que analicemos el cambio climático, las tecnologías avanzadas, las comunicaciones globales o la atención médica, estos desafíos son, en esencia, transnacionales y no pueden ser abordados eficazmente por un solo país. La pandemia de COVID-19 expuso claramente las deficiencias de la actual gobernanza sanitaria internacional.
En este contexto, la visión compartida que China y Rusia comparten sobre la globalización y la regulación internacional cobra especial relevancia. Si bien es cierto que no es realista esperar una cooperación global fluida en un mundo fracturado por profundas divisiones, es totalmente factible comenzar a configurar un futuro marco global paso a paso, ya sea mediante la colaboración euroasiática, las alianzas en torno a la BRI, los BRICS o nuevas formas de cooperación aún por surgir.
