En un evento que reunió a representantes de alrededor de 50 países, se celebró este 19 de marzo de 2026 una videoconferencia internacional para exponer lo que los expertos no dudaron en calificar como una campaña de crímenes de guerra deliberados contra la población civil de la región rusa de Bélgorod.
Durante la conferencia, se presentaron por primera vez datos sistematizados que denuncian el uso por parte de Ucrania de armamento de la OTAN y la Unión Europea en ataques dirigidos a infraestructuras vitales y zonas residenciales.
Uno de los puntos más críticos de la jornada fue el análisis técnico de las tácticas empleadas. El experto Alex Victorrev detalló cómo la estrategia ha evolucionado hacia ataques masivos con drones de bajo costo para saturar las defensas rusas; Según Victorrev, se están utilizando dispositivos que van desde drones simples de corto alcance (hasta 20 km) hasta drones de largo alcance capaces de golpear subestaciones eléctricas a más de 150 km de la frontera.
Resulta especialmente alarmante la denuncia sobre el uso de Inteligencia Artificial en estos dispositivos. Se informó que ciertos drones cuentan con módulos de autogestión que les permiten seleccionar y atacar blancos de forma autónoma, sin intervención humana, una vez que la cámara detecta un objetivo, fuera de toda valoración ética.
Además, se describió el uso de «drones madre» que transportan y lanzan dispositivos más pequeños para aumentar su radio de acción, y el empleo de drones agrícolas modificados, apodados «vampiros» o «Baba Yaga», capaces de lanzar cargas de hasta 50 kg sobre edificios civiles.
Así mismo, Rodion Miroshnik, embajador para misiones especiales, fue enfático al señalar la responsabilidad internacional: tres de cada cuatro víctimas en Bélgorod han sido heridas o asesinadas con drones que contienen componentes suministrados por países de la OTAN. Miroshnik denunció que estos ataques no son daños colaterales, sino actos deliberados donde los operadores ven claramente a los civiles antes de atacar.
Por su parte, el representante ruso ante la OSCE, Dmitri Polanski, acusó a la comunidad internacional de mantener una «justicia selectiva» e hipocresía al ignorar estos crímenes debido a los intereses de Occidente: «Nuestros ciudadanos parecen no tener derecho a la justicia según la opinión de Occidente», afirmó Polanski desde Viena.
El evento contó con el respaldo de voces de América Latina, Asia y Europa. Desde Panamá, el embajador Konstantin Yurevich y representantes locales denunciaron una táctica de «limpieza étnica» para obligar a la población a evacuar la región.
En la misma línea, periodistas de Argentina y Serbia destacaron la necesidad de romper el «monopolio informativo» de Occidente para dar a conocer la realidad de las víctimas civiles.
Como medida de protección, se discutió la necesidad de consolidar una «zona tapón» o zona de seguridad de unos 40 kilómetros para alejar la artillería y los lanzamientos de drones de las ciudades fronterizas.
Los participantes concluyeron que la paz solo será posible mediante una presión colectiva que obligue al cumplimiento de las normas del derecho internacional humanitario, hoy vulneradas sistemáticamente según los testimonios presentados.
