“El Coronavirus no es un juego, es una amenaza mortal”, con estas palabras se refería el presidente Nicolás Maduro a conocer de la llegada de la pandemia a Venezuela.
Habiendo llegado a Venezuela la pandemia más grande y mortal de los últimos 100 años, el presidente Nicolás Maduro ha hecho un llamado profundo y claro “Todo el estado venezolano debe estar al servicio del pueblo, para protegerlo, defenderlo y acompañarlo en esta crisis”, y remataba diciendo “Le digo a las altas autoridades políticas y militares, no creamos que esto es una crisis más. Estamos declarados en emergencia, cero burocracia e irresponsabilidad”.
Pero a pesar del llamado del primer mandatario, aun hay autoridades que prefieren priorizar muros, edificios y paredes y, papeles, actividades burocráticas y tareas no fundamentales y dejar de lado la vida de los trabajadores, ciudadanos y el hecho de la propagación que puede surgir, sin entender aun la gravedad del asunto, por solo defender instituciones y procesos que solo tienen un una orientación y son los propios ciudadanos, en una actitud sospechosamente conspirativa, contradiciendo la claridad con la que ha hablado el primer mandatario de la nación.
Nunca falta el que pone las actividades administrativas por delante, argumentando que son imparables, argumento que se cae al recordar que nuestro país paso más de 30 días sin electricidad más o menos para esta fecha el año pasado y que demostró que dichas actividades no son tan “vitales”.
Igual pasa con muchos ciudadanos que autodefiniéndose lideres y revolucionarios, aun no asumen el llamado a la autocuarentena que es sin duda la medida más efectiva para evitar la propagación y pululan en las calles sin necesidad alguna, departiendo el fiestas y hasta obviando su responsabilidad como dirigentes, dejando de lado la orientación decidida, necesaria y oportuna que deben dar con el ejemplo.
O los que con el pretendido altisonante argumento estadístico dicen que solo un porcentaje de la población se verá “afectado”, sin aclarar que será “mortalmente” y que el resto solo será atacado por una “fuerte gripe”, que puede paralizar a cientos de miles, sometiendo a los ciudadanos al miserable e irresponsable azar de quien será el afectado para morir, obviando que puede ser él mismo o algún familiar, como le ha ocurrido al alcalde de Miami Francis Suárez y la ministra española Irene Montero esposa de Pablo Iglesias vicepresidente de España y otras altas autoridades de países de la región que han sido afectados, sometiendo incluso a altos líderes del Estado y la Revolución a ser afectados, lo que podría afectar nuestro proceso político.
Estos mismos estadistas que desprecian la vida humana reduciéndola a simples cifras, no dicen que tras haber superado con vida la enfermedad, al menos el 25% de los pacientes pueden perder entre el 20% y 30 de su capacidad pulmonar, haciéndolos incapaces de realizar actividades que antes realizaban con normalidad.
Todo esto por no nombrar a los ciudadanos comunes que han salido en un acto de histeria colectiva a acabar con el abastecimiento de antibacteriales y mascarillas para cuidarse y preservar su salud y la de los suyos, sin entender que la verdadera amenaza es que existan otras personas contagiadas que puedan contagiarlos a ellos, actuando como el avestruz que cree tontamente protegerse del peligro ocultando la cabeza en un hoyo.
No se trata de generar alarmismo o histeria, sino de generar la suficiente conciencia y disciplina, “El Coronavirus no es un juego, es una amenaza mortal”, no esperemos que se sucedan las muertes y los contagios para entenderlo de la peor manera.
Claudia Orsini
