La base fundamental de cualquier proceso revolucionario son las mujeres y los hombres que son sujeto y objeto de la misma.

Por ello, debemos reflexionar sobre lo que somos y sobre lo que queremos ser, de manera de poder cambiar en nosotros mismos, las viejas mañas y comportamientos del pasado y comenzar a ser desde nosotros mismos, el ejemplo de lo que queremos que sean todos, especialmente las futuras generaciones.

La idea de la Antirrevolución Aprendida se basa precisamente en la vieja cultura de las personas y de cada uno de nosotros, cultura aprendida a fuerza de imposición cotidiana del aprendizaje de un modelo económico depredador como lo es el capitalismo.

La misma no diferencia entre personas con mayor o menor nivel académico, o edades, ya que la imposición cultural y psicológica esta hecha para todos; la diferencia que puede haber entre las personas, es la mayor o menor disposición y capacidad de cada uno de promover y asimilar los cambios en nuestro propio comportamiento.

Incluso, puede haber personas con la voluntad de propiciar los cambios revolucionarios que se requieran, pero su propio comportamiento atenta contra el avance de sus propias ideas, lo que nada tiene que ver con su probidad moral, ética o intelectual.

De esta manera, una persona puede tener un alto nivel cultural y académico, y un deseo fabuloso de ayudar a propiciar los cambios en su entorno social, pero, mientras esta misma persona, esté acostumbrada a llevar y dirigir las cosas de acuerdo a un proceder ya aprendido, esta voluntad y esta capacidad se vera mermada o simplemente no servirá de nada, ya que la misma persona estará reproduciendo en sus actos al sistema de relaciones ideológico culturales que pretende eliminar.

Por el contrario, una persona que no se haya educado dentro del viejo sistema cultural, esta mas propensa a apoyar la evolución y el cambio a otro sistema de relaciones, realmente distinto, sin necesidad de poseer un nivel cultural, académico, o una definida intencionalidad por cambiar el viejo sistema, ya que su comportamiento tiende a generar nuevas relaciones sociales que no se parecen a las del sistema anterior y por ende no lo debería reproducir.

Un aspecto interesante de esto es que, cualquier comportamiento o actitud que se salga de las costumbres del sistema imperante es contrario al mismo, y por ende calificada como una “locura” o como “antisocial” por las personas y las instituciones del viejo modelo ideológico, ya que cualquier hecho que rompa con la costumbre es algo impropio y que debe ser combatido y eliminado.

Es bueno destacar que la juventud es un estrato de la sociedad que generalmente no se encuentra afectado o se encuentra poco afectado por el peso de la cultura y la ideología pre-establecida, por su propia condición cronológica y de aprendizaje; es por esta condición que irrumpe en la historia para generar hechos que logran modificar las formas de concebir el mundo, aun y a pesar de que sean vistas como locuras por los de mayor edad, acostumbrados a la cultura del viejo sistema imperante, pero a pesar de ello debemos promover su revisión permanente, para garantizar la continuidad y el relevo en los procesos políticos de transformación.

La Antirrevolución Aprendida puede y debe ser sacada de nuestra forma de ser a través de un profundo proceso de reflexión y autocuestionamiento de nuestra forma de pensar y de actuar, esto no es nada sencillo, ya que implica reconstruir constantemente nuestra forma de concebir al mundo, siendo siempre lo suficientemente amplios como para creer que cualquier utopía por osada que parezca, es posible.

Este proceso cognitivo puede llevarnos a pedir que los cambios se hagan de una manera determinada, como si de un manual se tratara, tal y como lo dicta la teoría, cuando la realidad social y mas en nuestros tiempos ha demostrado que la política y la economía no tiene nada o muy poco que ver con los viejos postulados políticos e ideológicos y que las revoluciones son mas un esfuerzo aprendizaje y acción del día a día que los postulados que hasta ahora habíamos conocido.

Venezuela y Nuestra América Latina viven grandes transformaciones democráticas que deben ser apoyadas, porque repercutirán en beneficio de los habitantes y países de la región, ya que cada uno de estos fenómenos son procesos evolutivos de las naciones que se encuentran en la constante búsqueda de mejores condiciones de vida, y que en un mundo globalizado como en el que vivimos mejorará las relaciones entre los distintos países, generando una mayor estabilidad política y por ende económica.

No veamos estos cambios como atrasos, alejemos de nosotros la Antirrevolución Aprendida con la que cargamos y seamos mas amplios, para ubicarnos así de cara al futuro que se nos abre de la mano de cada uno de nosotros.

Las trampas del sistema imperante y de los que se mimetizan en medio de las revoluciones son muchas, y suelen distorsionar los argumentos para favorecer sus propósitos, por lo que la revisión permanente y la auto critica son necesarias para lograr la verdadera y definitiva victoria por la humanidad.

Tagged : # # # # # #

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *