Cuando el comandante Chávez convocó al pueblo a hacer una Revolución, el llamado era a cambiarlo todo, y a crear nuestro nuevo y propio modelo político, social y económico. ¿Acaso Chávez no fue suficientemente claro sobre el desafío y las consecuencias de tal decisión?, ¿es que alguien pudo creer que los poderes facticos y el imperio gringo se iba a quedar de manos cruzadas mientras desde Venezuela nos alzábamos contra sus ordenes?.

Me atrevo a decir que todos los que acompañamos sinceramente al comandante lo hicimos justamente por eso, incluso sin tener conciencia de lo que ello implicaría.

Seguramente los oportunistas, los ambiciosos, seguramente los corruptos que luego se mimetizarían no pensaron ni sintieron así, pero el Pueblo, el Pueblo sencillo, los desposeídos, los excluidos, los humildes, los honestos, los siempre humillados, los bolivarianos, aspirábamos mas allá de la simple lucha material, deseábamos que la rebelión fuese por la justicia y la libertad, por el honor y la dignidad como lo ha sido.  

Y justamente por el valor de Chávez de rebelarse contra la opresión (incluso jugándose su propia vida y futuro) la causa por la que lo amamos y por lo cual siempre lo acompañamos y acompañaremos en interminables y tumultuosas marchas y batallas.

Es y fue su desafío permanente a los poderosos lo que nos enorgullecía, así como su sencillo amor para con cualquier ser humano, lo que nos comprometió con él hasta la entrega de la vida misma si fuese  necesario, y lo convirtió en un Sentimiento Nacional y en el Corazón de su Pueblo.

Chávez no solo era el presidente, era y es Nuestro Comandante, la Revolución encarnada, lleno del  orgullo y la dignidad de su pueblo y que sentía como suyos el padecimiento del más humilde de sus compatriotas, siendo el mejor y más digno representante del Bolivarianismo de este siglo.

Es por eso que al día de hoy aun lo extrañamos y extrañaremos, en su sonrisa sincera, en su trato amoroso, en su cantar desafinado pero honesto, así como se extraña a cualquier ser amado cuando ya no está, con la vida y con el corazón.

Justamente en honor a nuestro comandante Chávez es que me propongo hacer estas reflexiones, con la intención de compartirlas con todos los que como yo lo amamos y lo seguiremos amando.

Es pertinente dejar claro en este momento que no pretendo usar este sentir y tono de añoranza a nuestro Chávez para salir a criticar a Nicolás. Lo digo claramente porque muchos, de forma deshonesta han pretendido usar este sentimiento para descalificar a Nicolás, inferiorizándolo al compararlo con  Chávez, endosándole además sin reflexión alguna la responsabilidad sobre todo lo malo que pueda ocurrir en el país, con expresiones como “Si Chávez estuviese vivo no pasarían estas cosas” o “Chávez lo habría hecho de otra manera”, banalizando además el tamaño de la confrontación en la que estamos metidos, obviando la violencia desproporcionada, el horror y la contundencia con la que el enemigo, de forma encubierta algunas veces y por interpuestas personas y gobiernos otras, agrede a nuestra patria, que finalmente es agredir a cada uno de nosotros, y minimizando además el tamaño del esfuerzo que significa la “tontería” de seguir fiel al pueblo, habiendo podido mantener la unidad nacional en medio de la agresión y haber marcado el rumbo que nos ha permitido sobrevivir.

Lo que sí implica de forma vinculante este sentimiento, es el deber de cada uno de los chavistas, desde el ejemplo y el humanismo de nuestro Chávez de incorporarnos aun más de lo imaginable a la lucha, la construcción y el sostenimiento de la patria nueva que acordamos darnos y en especial a la responsabilidad de ponerla al nivel histórico que reclama la humanidad y hacerla trascender para las futuras generaciones.

Con esto también me refiero a que la crítica es buena cuando es honesta y es participativa, pero la criticadera agota y es deshonesta cuando se hace desde la comodidad, desde la ligereza que da el desconocimiento, o desde el descontento por no tener aquellas cosas que habíamos conquistado y que dejamos perder, endosándole toda la responsabilidad a Nicolás, especialmente cuando sabemos que lo que hemos dejado de tener nos ha sido arrebatado por el verdadero enemigo que es el imperio norteamericano, sus aliados mundiales y los traidores nacionales.

Pudiéramos decir sin temor a equivocarnos que no hemos logrado mayor avance en la batalla por el futuro por habernos quedado solamente en resistencia, recordando aquellos mejores viejos tiempos y no salir a sangre y fuego y con mayor decisión a conquistar los tiempos mejores que nos merecemos.

Compatriotas, no es ni será fácil. Toda la agresión, toda la violencia que se cierne sobre nuestro país y sobre nosotros es para desmoralizarnos, para hacernos bajar la guardia, para doblegarnos y al primer descuido exterminarnos personalmente como han acostumbrado históricamente los imperios, y así ponernos de ejemplo ante cualquiera que simplemente este considerando rebelarse.

¿Qué hacer?… ¿extrañar a Chávez?, Sí, eso es inevitable, pero ese sentimiento nos debe servir para  invocar su ejemplo de forma practica en la batalla cotidiana, para que en esa añoranza sintamos su valor en nuestro pecho y nos llene de orgullo y de moral en los momentos mas duros.

Con ese amor a Chávez, debemos repetir hasta mas allá del cansancio, boca a boca, día a día, a los nuestros, a los allegados, a los hijos é hijas, a todas y todos sus ideas como si fuesen una religión, las ideas bolivarianas, las que más que ideas convertimos en logros concretos junto con él, en franco y orgulloso desafío a las imposiciones de los criminales del norte.

En aquel 4 de Febrero de 1992 la rebelión fue un derecho, pero hoy es un deber permanente por la memoria de Chávez y por el futuro de la humanidad.

De esa rebeldía estamos hechos, Tu Tambien eres Chávez.!

Con Chávez y Bolívar, Viviremos y Venceremos!!!

 

Carlos Yvan Guia Moy

Director de la Revista Política y Poder

carlosguia@revistapoliticaypoder.com

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