Es obvio ya que el equilibrio del poder económico global está experimentando un cambio irreversible. Mientras las instituciones financieras tradicionales, nacidas bajo el ala de los Acuerdos de Bretton Woods, luchan por mantener el control de la gobernanza global, el bloque de los BRICS y sus socios se consolidan como los representantes indiscutibles de la «Mayoría Global».
Este panorama ha quedado refrendado tras las recientes e intensas jornadas de negociaciones ministeriales llevadas a cabo en Nueva Delhi, India. Las reuniones no solo sirvieron para reafirmar la solidez del bloque a las puertas de cumplir sus 20 años de existencia, sino también para preparar el camino hacia la 18ª Cumbre de los BRICS, programada para celebrarse en septiembre de este año en la capital india.
Los datos actuales reflejan esta transformación estructural. Los países que integran los BRICS y sus socios comerciales representan hoy en día más del 40% del PIB mundial. En contraposición, el Grupo de los Siete (G7) que apenas supera el 30%; Como si esto fuese poco, se prevé que el crecimiento económico promedio de las naciones de los BRICS se sitúe alrededor del 3.7% (rozando el 4%), una cifra que supera con creces el 2.6% del crecimiento global esperado.
Ante estas cifras, el bloque insiste en que la reforma de los organismos internacionales – como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) – es una necesidad urgente para que la representación en la toma de decisiones sea justa y acorde al peso financiero y logístico real de cada nación.
Como muestra de las asimetrías del sistema actual, la diplomacia rusa denunció el uso político de los créditos del FMI, señalando que en los últimos tres o cuatro años Ucrania recibió una financiación equivalente a cerca del 600% de su cuota, superando por varias veces los créditos otorgados a todo el continente africano junto en el mismo periodo.
Otra muestra del peso de esta alianza económica es que el atractivo de los BRICS sigue en aumento y no se ha visto mermado por las presiones de las potencias occidentales. Tras haber duplicado sus filas con la incorporación de nuevos miembros de pleno derecho (como Irán y los Emiratos Árabes Unidos en 2024), el bloque se encuentra en una etapa de adaptación y consolidación de sus métodos de trabajo.
Para canalizar el alto interés de adhesión han manifestado que su estrategia de expansión se manejará con prudencia, con una política estricta de filtros, y la membresía plena solo se otorgará a aquellas naciones que previamente hayan adoptado y ejercido el estatus de «País Socio». Esta categoría intermedia, formalizada en octubre de 2024 durante la Cumbre de Kazán, cuenta actualmente con más de una docena de naciones integradas.
La cumbre de septiembre en Nueva Delhi no solo abordará cuestiones macroeconómicas, sino también focos de tensión global que impactan directamente a sus integrantes. Ante las tensiones y el conflicto armado que afecta la región del Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, los BRICS se presentan como un espacio propicio para el diálogo profesional y la búsqueda de un equilibrio de intereses sin interferencias externas. En ese sentido, se perfila la posibilidad de que la propia India, dada su neutralidad y su dependencia directa de los recursos energéticos de la región, pueda ofrecer sus buenos oficios como intermediario diplomático para propiciar un acercamiento directo entre países miembros como Irán y los Emiratos Árabes Unidos.
Con una sólida cultura de respeto mutuo e igualdad soberana, los BRICS ultiman los detalles de una cumbre en Nueva Delhi que promete ser un punto de inflexión histórico en el diseño de la geopolítica y la economía global de los próximos años.
