El capitalismo necesita discriminar porque su fundamento es la desigualdad. Divide al Pueblo todo lo que puede para que esos muchos que sufren abajo no vayan por los pocos que acumulan arriba. Así nos fragmentan por razones de clase, color de piel, políticas, étnicas, religiosas, de género, etc. Lo cierto es que para la mujer la injusticia es doble, la menosprecian por pobre, o por negra, o por zurda… y encima mujer.

La pobreza lo demuestra: cuando una familia pierde a la madre por lo general los hijos toman cada uno su rumbo apenas pueden, el padre se dedica a sí mismo y la familia se separa. En cambio, cuando falta el padre, la madrecita argentina, aunque viva en la mayor pobreza y las enfermedades o la violencia se ensañen con ella, mantendrá a sus hijos prendidos a su pollera, le hará frente a lo que sea y la familia seguirá unida… pero tamaña disparidad de conductas y resultados no llama la atención, se la juzga cosa muy natural. Casi nadie reprocha al padre, casi nadie alaba a la madre.

El trabajo también lo demuestra: en el sector productivo las trabajadoras cobran un 25% menos que los hombres, por realizar la misma tarea. Si tienen cargos jerárquicos es porque han hecho excepcionales esfuerzos para conseguirlos y deberá repetirlos para ejercer. Y, la mayoría del tiempo, deberá soportar acosos sexuales que a nadie le llamarán la atención por ser parte de las costumbres del país. Las peores groserías serán consideradas piropos que la mujer provoca “de sutiles maneras” y que, por lo tanto, la tienen como culpable, no como víctima.

Aunque esto último está cambiando paulatinamente. El sistema reconoce a la mujer en su lugar de víctima y lo exacerba focalizando en la muerte en vez de atacar las causas de tanta violencia. Parece que el de víctima es un rol que sí puede desempeñar la mujer porque aparece con un perfil inofensivo y dependiente. Sin embargo, cuando la misma intenta, con autonomía de criterio, ocupar el lugar de mando en espacios de poder se la tilda de soberbia y prepotente. La mujer puede hablar, pero sin contradecir al hombre y luego de que él le dé la palabra porque es quien “le otorgó” la existencia que antes le era negada, por lo tanto, debe ser agradecida. Entonces, el lugar que se le da a la mujer es aquel que no amenace el statu quo del machoconservador. ¿Hasta dónde somos capaces de soportar la injusticia?

En política se ve claramente. Gracias a las luchas por la igualdad de derechos que abonaron un cambio de época, hoy la mujer debe ser considerada en espacios de conducción, pero termina siendo un rol figurativo, no de ejercicio de poder real, este queda siempre reservado al hombre. Por ejemplo, de los veinte ministerios actuales solo cuatro están ocupados por mujeres en áreas como género y diversidad, derechos humanos, seguridad y salud (recientemente). Mientras que asuntos que conciernen a economía, trabajo, producción, obra pública, transporte, relaciones exteriores, defensa, ciencia y tecnología, etc. los conducen hombres.

Repitiendo las mismas conductas que promueve este sistema hipócrita y conservador no obtendremos resultados diferentes. La nuestra es la lucha por la liberación nacional, no podemos negar el potencial, históricamente relegado, que detentan las mujeres, ni más ni menos que el 50% de la población. Necesitamos una nueva militancia femenina que discuta con voz argentina y popular las cuestiones estratégicas de la Patria Grande del Caribe y la América del Sur. No solo cuestiones de género, sino geopolíticas, como comercio exterior, producción, transporte, industria, defensa, trabajo, vivienda, salud, etc. No alcanza con que se defiendan del ninguneo, hacen falta mujeres que pasen al frente, que trasciendan a los espacios políticos de decisión de los que fueron excluidas. Además de hablar, deben ejercer el mando y convertirse en Hembras Alfa de nuestro Pueblo. A conducir se aprende conduciendo.

La necesaria conducción de la Hembra Alfa en el proyecto de liberación es un imperativo categórico regional, no una opción. Desde chicas las mujeres son preparadas para aceptar humillaciones pasivamente y naturalizar injusticias, se las instruye en el llanto, no en la pelea. En nuestra región, la enorme mayoría de nuestras guerras fueron de liberación o defensa de nuestros territorios nacionales, jamás de invasión y apropiación de otros territorios. La Patria Grande del Caribe y la América del Sur es sinónimos de paz, no hay cultura ni tradiciones imperiales en nuestros países. Fuimos educados en la sumisión colonial, como las nenas.

Por lo tanto, la América Morena tiene más de Hembra Alfa en tránsito a su emancipación, que de macho cabrío imperialista y conquistador. Portadora de un mensaje de verdad y de justicia, la Patria Grande es más afín al ejemplo ético de San Martín liberando Argentina, Chile, Perú sin apropiarse de ninguno de los tres o al de Evita llevando alimentos a la Europa hambreada sin esperar nada a cambio. Hay una profunda ambición espiritual y sentimental que mueve el deseo de liberación de nuestros Pueblos oprimidos que nada tiene que ver con el materialismo expansionista –de derecha o de izquierda- del capitalismo ni del comunismo.

Lo que venimos impulsando desde Social 21-La Tendencia es un proyecto de liberación nacional que se hace, se inventa, se constituye a sí mismo a medida que avanza, con total libertad. Un camino hacia la comunión, la equidad, el justo y necesario equilibrio global. Tiene voz de mujer, de Pachamama, de Patria Grande, de Hembra Alfa. Una voz de amor, de luna; no de soldado, no de muerte. Una voz para querer, no para temer u odiar. La voz de por fin la paz, el descanso, el alivio. La voz del trabajo en calma, la producción fraterna. Por eso la Hembra Alfa tal vez sea la mejor militante que podemos tener, porque en tanto mujer y postergada tiene una impronta cultural adversa a los códigos de la soberbia imperialista del norte.

El macho rebelde anticolonialista de antaño, patriota nacionalista –Argentina potencia- respetuoso de las burguesías nacionales, exige respeto por parte del capitalismo global, quiere que lo dejen entrar. La Patria Grande no. Quiere irse de ahí. Lleva más de 5 siglos metida en esa basura. Está harta, se cansó para siempre del capitalismo. No busca un arroyito más fresco en el intrincado delta del capitalismo global. No, nada de eso. Navega hacia aguas abiertas. Tenaz, empecinadamente, avanza en busca del mar. Es una Hembra Alfa. Va por todo.

*Integrante de Social 21, La Tendencia/ 011-5161-1329/ barbarasolernou@hotmail.com

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